Calaveras y calaveritas

Calaveras y calaveritas es un proyecto inspirado en dos elementos populares conocidos: el papel picado y las calaveritas literarias.

Para las calaveras utilicé tela picada y las trabajé con tela popelina de colores muy intensos sobre un soporte de raso italiano. Cada dibujo esta inspirado en personajes que tienen connotación en la sociedad y son el motivo para la creación de una calaverita literaria; cada escritor crea un verso picaresco y humorístico.

Escritores participantes: Julieta del Toro, Manuel Matus, Patricia Bañuelos, Edna Espíndola, Israel Reyes, Víctor Hugo Cruz, Trinidad Olvera, Cuauhtémoc Peña.

Las calaveras de Luna

“…la llamamos de mil maneras: la Calaca, la Catrina, 
la Huesuda, la Parca, la Dientona, la Flaca, la Pálida, 
la Pelona y hasta la tía de las muchachas…” 

Octavio Paz, El laberinto de la soledad

Luna Ortiz es una artista egresada de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO) que, además de la pintura y el grabado, le ha seducido el trabajo en textiles y el bordado, como hoy lo manifiesta con “Calaveras y calaveritas”, una serie de representaciones caricaturescas en gran formato de la muerte, a semejanza del arte popular conocido como “papel picado”, que se despliega con todos sus colores y primor en muchas festividades de los pueblos de México. 

La muerte ha sido un tema que Luna ha tratado con frecuencia. Ella dice que por dos motivos: el primero, festivo, pues forma parte de la tradición de su familia conmemorar a los muertos, sobre todo en Todosantos (su abuela ya ofrendaba viandas en esa fecha para agasajar a vivos y fallecidos, y sus tías organizaban calendas con el mismo propósito); el otro motivo es doloroso: la muerte prematura de su padre.

Con estos antecedentes y la convicción de que los muertos vuelven en los días de octubre y noviembre, ha tratado desde años atrás darles la bienvenida muy a su manera, mediante el arte, por ejemplo, ha confeccionado figuras de papel maché. Pero esta vez en especial, ha querido amalgamar a sus creaciones otra expresión artística popular que “revive” cada año en algunas regiones del país: las “calaveras”. Esos versos rimados de los cuales ya existen referencias en los albores del siglo XIX, probablemente como una forma de ironizar los pomposos epitafios que se inscribían en las lápidas de la gente rica o de renombre, ponderando sus hazañas o virtudes. Así, desde la libertad que les daba el anonimato, más que honrar al fallecido, lo denostaban, lo denunciaban, o simplemente hacían burla de él. Es de suponer por lo mismo, que las “calaveras” muchas ocasiones fueron prohibidas o censuradas y en no pocos casos castigados sus autores cuando eran descubiertos. No obstante, el interés o morbo que generaban las “calaveras” hizo que se convirtieran en textos imprescindibles en los periódicos decimonónicos y los de principios del siglo veinte.

Inspirada en esa práctica hoy casi extinta, y en recuerdo del gran grabador y caricaturista mexicano José Guadalupe Posada (Aguascalientes, 1852), quien con sus viñetas alusivas a las “catrinas”, llenas de punzante crítica social y política, hizo del sarcasmo y la mofa un arte, Luna decidió convocar a nueve escritores y escritoras para componer “calaveras” a partir de las suyas ya recortadas (o picadas en tela) con la maestría que le caracteriza, los resultados son los que ahora se disfrutan en este catálogo y la magnífica exposición que acompaña.

El médico, el presidente, el sacerdote, los novios y más, son los personajes de nuestra vida cotidiana que se hacen acreedores a su “calavera” o “calaverita”, según sus obras en esta vida –que lo juzgue el propio lector. Por lo pronto, enhorabuena por este rescate del ingenio y el arte mexicano que bien consigue Luna Ortiz. 

Cuauhtémoc Peña, octubre, 2017


La muerte y la Policía 

por Patricia Bañuelos

De cuicos y antimotines 
harta la muerte estaba. 
Por granadas y macanazos 
los muertos amontonaba. 

La huesuda se los llevó 
a jalones y garrotes. 
El arresto resistieron, 
querían seguir el mitote 

Los manifestantes llegaron 
dispuestos a echar montón, 
a los gendarmes malogrados 
a las puertas del panteón 

¡Ya sosieguen su bravura! 
Alzó la voz enardecida, 
que con su vida ya pagaron 
los arbitrarios policías. 

Las protestas no cesaban, 
la calaca no aguantó. 
Con las patas por delante 
a todo porro se llevó. 

Tela picada, 214 x 80 cm.

Calaverita del lector 

por Julieta del toro

Jaime Sabines decía, 
Que de la luna hay que tomar 
Dos cucharadas al día, 
Pa’l mal de amores curar. 

Así lo creía el lector, 
Quien los libros devoraba 
Con mucha sorpresa y fervor,
De la poesía disfrutaba.

La crónica y la novela,
Monsiváis o la Masttreta
Pasando la noche en vela,
Leyendo nada le inquieta.

Mal a veces se sentía,
Cuando triste se enteraba
Que en México no se leía,
Eso mucho le agobiaba.

De promotor de lectura,
Se fue a recorrer el país
Impartiendo la cultura,
Aquello lo hacía muy feliz.

Pero la parca tenía,
Para él nuevos proyectos
De maestro lo quería,
De lectura pa’ los muertos.

Ahora enseña en el panteón,
Un cadáver exquisito
Con maestría y gran convicción,
Al cementerio hace erudito.

Tela picada, 132 x 214 cm.
tela picada, 210x80cm

Obispo

por Edna Espíndola 

Después de sermones tales 
con contradicciones fatales 
suspendió Catrina la misa 
al son de estentórea risa 

Quienes sin ejemplo predican 
lucrando con sacramentos 
pero todo el tiempo fustigan 
si tenéis otro pensamiento. 

Debajo de la sotana 
esconden negro historial, 
llevan una vida mundana 
y no es por comer tamal. 

Del cuerpo de la mujer deciden 
los que votan castidad 
¡vaya contrariedad 
que desde el medievo persiste! 

Y es la misma jerarquía 
la que acusó de brujería 
a mujeres de Zugarramurdi, 
pero esconde la pederastia. 

Si de jerarquías se trata 
dejen su fatua alharaca 
que al Obispo como al Papa 
se lo lleva la Calaca.


La Ofrenda

por Manuel Matus

De muy lejos vino, vestida de rojo 
La vieja calaca bien ducha y loba 
Por si alguien le daba una soba 
Pero se encontró a un viejo cojo. 

A buena hora y con presentes 
Trayendo muchos manjares 
Para colocarlos en los altares 
Y que no se queje la gente  

Si habiendo aquí tanto mezcal 
La calaca fue directo a la tortilla 
y como estaba caliente el comal 
Se sentó a llorar comiendo morcilla 

No por llorar más se llega a viejo 
La calaca aprendió a morir de hambre 
Ya bien torcida fue a otro enjambre 
A pedir que le dieran mejor pellejo

Tela picada 114x210cm

El Presidente

por Cuauhtémoc Peña

Encopetado y pudiente, 
jocoso llegó ese día;
gritaba ser presidente,
¡pobre iluso, qué sabía!

Tan severa como siempre
lo miraba la Catrina:
“Ya no apures a tu gente,
nomás acercas tu ruina”.

Rodeado de funcionarios
y otros engendros del mal,
entró el primer mandatario
al Palacio Nacional.

En su silla apoltronado
pal´ pueblo no midió daños,
sin vergüenza y con descaro,
se hizo de muertes y engaños.

La Flaca lo envió al infierno
a quemarse por completo,
y junto con su gobierno,
hoy sólo queda esqueleto.

214x80cm

El Camión de las Calacas

por Israel Reyes 

La muerte encontró Oaxaca 
sumida entre la pobreza, 
la gente como calacas 
eran huesos y tristeza. 

Estos pobres oaxaqueños 
habitan en el infierno, 
sólo viven de los sueños 
y promesas del gobierno 

La parca se lamentó 
de verlos en tal histeria 
y con firmeza pensó 
sacarlos de su miseria. 

Nadie más los haría majes 
con obras de relumbrón. 
Harían un último viaje 
lejos de la corrupción. 

En un camión los trepó 
pues no tenían ni tamales 
y hacia el panteón enfiló 
para remediar sus males. 

Pero el camión no avanzó 
entre las calles estrechas; 
en los baches se quedó 
y atorado en las protestas. 

110x210cm
210x80cm

El Doctor

por Cuauhtémoc Peña

De blanco igual que los huesos
llegó vestido el galeno,
será que ya quedó tieso
o que el panteón está lleno.

Estetoscopio en el cuello 
y bisturí entre las manos,
va auscultando sin resuello
a todo aquel ser humano.

“Ya detente mi doctor”,
le ordena presta la Muerte,
esta vida es la mejor,
pero se acabó tu suerte.

De miedo mudó el color
aquél gran especialista,
verde quedó y sin rubor
al ver su nombre en la lista.

Ya lo llevan a enterrar
con rezos y con lamentos,
los vivos se ven llorar, 
los muertos, ¡ay qué contentos!

La Calaca Solitaria 

por Trinidad Olvera 

Sentada sobre su tumba 
una calaca parca 
de sonrisa profunda 
iluminaba la comarca 

Se notaba muy fría 
como hoja sin vida 
que el viento retira 
en la mañana sombría 

En la tumba había montones 
de cirios panes y flores 
la calaca calló un tanto 
y después brotó su llanto

El alba era su marca 
terminando como siempre 
este dos de noviembre 
sólo Soledad y la parca 

¿Quién es esa señora 
de mirada seductora 
que con un rojo manto 
entona un triste canto? 

Soledad es para la muerte 
una fiel y gran amiga 
Porque a todos nos visita 
Ya sea en muerte, ya sea en vida. 

Amor en Bicicleta

por Víctor Hugo Cruz 

Hay amores de un día 
Que son imprescindibles 
Pero hay amores de vida 
Esos parecen inconcebibles 

Los hay también que no reciben 
Ni la gracia de la cena 
Contrario a los amores que se viven 
para contarlos sin pena 

Como aquella del muchacho 
Que en su bici encontró 
El amor en arrumacos 
Y hasta el equipo entregó 

Aquí las palabras que intercambió 
Con su amor de doble ciclo 
Que en un viaje le entregó 
Matrimonio y mortaja al hilo: 

Ella —Sobre una bici azul cian 
Él —Tus labios besaré 
Ella —No debes temer 
Él —Ya nada necesitaré 
Ella —El cielo será para ti 
Él —Y en noviembre volveré 
Ella —Con tu nombre sabor a flan 
Él —Ay, flaquita, llévame pues.